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lunes, octubre 07, 2013

Grandeza y humildad de un comunicador: Isidro Silva Cabreja

Por Carlos Pérez

En la década de los ‘70, cuando las inquietudes políticas sacudían las pasiones y hacían trajinar por el sendero de las preocupaciones sociales a través de los partidos políticos unos y de las instituciones culturales otros, en esta última, para ser más preciso, teniendo como escenario el “Club la Voz de la Cultura”, conocí a una persona que por su humildad, solidaridad e inteligencia, impactó y buceó en mi sensibilidad; me refiero al periodista y comunicador Isidro Silva Cabreja.

El tiempo ha transcurrido y he vuelto a ver el rostro de la sencillez, la disciplina, el respeto y la honestidad, peregrinar por las calles de nuestra ciudad natal, distribuyendo el periódico “El mensaje”, con la estampa de la humildad de los sabios y la conciencia de los Dioses desmayada en su ser; el paradigma de la comunicación en el municipio de Moca; quien se ha mantenido inmune a las tentaciones del poder y de los malos ciudadanos, que buscan distorsionar la autenticidad mediante el uso de recursos económicos, chantajes y trapisondas.

Isidro Silva Cabreja, ha demostrado, no sólo a la colectividad de donde es originario, sino a todo el país, que los hombres se van distinguiendo en la sociedad, por los aportes que ofrezcan a la transformación de la misma, así la historia se apodera de los hechos, y a la vez los hechos de la historia; y además de que se puede vivir en un ambiente de inequidades e ingratitudes, sin dejar que éstas naveguen con sus virulentas vibraciones y perturben el espíritu y la existencia. 


Cada vez que veo a Isidro, sin importar la prisa que lleve… me siento en el sagrado deber de detenerme y ofrecerle un saludo colmado de cordialidad; pues es lo menos que podría hacer, ante la dignidad de este comunicador que trasciende los límites de la cotidianidad, que obliga a la reverencia; el cual ha resquebrajado los esquemas de la inmoralidad, la coacción, la prepotencia y la “grandeza” que exhiben algunos comunicadores de nuestra sociedad. 

Isidro (sencillamente), se ha convertido en este medio en un arquetipo para la presente y futuras generaciones del periodismo y la comunicación; de manera que con sus concepciones filosóficas y trascendentes de la realidad, pone en evidencia que el talento y la dignidad, nunca deben perecer ante la vanidad y la hipocresía; y que ha logrado comprender que, el costo que debe pagar un hombre virtuoso, cuando convive en una sociedad corrompida, es el rechazo, el sufrimiento y la indigencia. Consciente además de que no debemos pedirle a Dios que nos dé la fortaleza para soportar las ingratitudes del prójimo, si no la inteligencia para comprender las debilidades humanas. 

Quienes hemos conocido a Isidro por décadas, estamos conscientes que ha tenido una trayectoria, como esposo, padre, amigo y ente social, sin dobleces, cuyas acciones y valores enorgullecen a toda la comunidad. Isidro (sencillamente) ha sido un ferviente intérprete en su recorrido de vida de lo que ha expresado Santa Teresa de Ávila "La humildad es la verdad", de ahí que este periodista ha comprendido, no como pose, sino producto de una filosofía de vida congénita, armonizada con los principios del espíritu divino del servicio, el deber y la verdad; teniendo como norte que en “la medida que un hombre es más humilde crece una visión más correcta de la realidad”. 

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