Horacio Rent - Car

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lunes, marzo 07, 2016

Obispo dice embajador de EEUU solo defiende a los "gays ricos"

Tenemos en nuestro país a un Embajador de los Estados Unidos que es, además, un ferviente activista gay. No critico su condición de gay, por el contrario, la respeto sobremanera.
Lo que critico es el uso abusivo que hace de su silla diplomática de un poderoso país para venir a excederse en muchas de sus prerrogativas diplomáticas violando los códigos culturales, los de las legislaciones locales y las convenciones internacionales.
Entiendo que el Embajador desea abrirle paso, a como dé lugar, a su agenda en un país como el nuestro, en el que las autoridades locales y la sociedad en general han permanecido silentes al respecto.
En mi labor pastoral he tenido la oportunidad de conocer muchos fieles con atracción a personas del mismo sexo de los cuales he conocido sus anhelos, sus trayectorias de vida pero sobre todo he conocido su dolor, sus temores, sus necesidades y las cosas que realmente le preocupan y estoy convencido que las leyes que el Embajador pretende imponer en el país no serían de gran ayuda para la mayoría de esta población en la que supuestamente pretende incidir.

La cultura gay en Estados Unidos engancha perfectamente dentro de esa sociedad individualista en donde el ciudadano puede sumergirse en el anonimato en las grandes ciudades como San Francisco, Chicago, New York, Los Ángeles y permanecer en ese anonimato y/o vivir en barrios, zonas o establecimientos que favorecen el desenvolvimiento de una vida social normal para él.
Pero el latino es mucho más sociable; nos relacionamos más con los demás; se interactúa mucho más con el entorno familiar, laboral y vecinal; no es tan individualista, al menos por naturaleza. Por eso, ese anonimato es más complicado. La persona gay no se puede sumergir tan fácilmente en esa sociedad anónima e individualista, pues no es la nuestra. Para vivir eso le queda emigrar a una de las grandes ciudades de Norteamérica o Europa.
Las sociedades en donde más se promueve la “cultura gay” son más igualitarias a nivel económico. No existen las diferencias que vemos, por ejemplo, en América Latina.
Por eso, en nuestro país hay que distinguir a los gays montados (los que son de clase media alta y clase alta) que a partir de ahora denominaré ricos, y los gays de a pie, los que pasan crujía en la calle (los que son de clase media baja y clase baja) que son la grandísima mayoría, que a partir de ahora denominaré pobres.
Definitivamente hay que distinguir los gays ricos y los gays pobres porque viven una realidad común pero desde perspectivas muy diferentes.
Los gays ricos se pueden “defender” más en el medio. Nuestra sociedad clasista los coloca en una situación de respeto, pues en nuestro mundo hay más interés de compartir con sus bienes que con sus valores, y no les “molesta” el gay si es rico, al revés, es capaz de bailarle cualquier mambo con tal de estar alrededor. A la clase alta no le molestan los gays si tienen pesos y buenos modales. Esos sí pueden aspirar hasta a meterse en la piscina de la Embajada.

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